Alex y Blake se conocieron una noche en un local de cruising de Barcelona. Desde el momento en que sus miradas se cruzaron, la química fue innegable: intensa, eléctrica e imposible de ignorar. No podían mantenerse alejados el uno del otro, atraídos por una atracción magnética.
Aquella noche vagaron por la ciudad, buscando lugares tranquilos donde estar a solas, dejando que su pasión hablara más alto que las palabras.