Madrid. Felipe baja las escaleras en calzoncillos grises, descalzo y en silencio sobre la madera. Ares levanta la vista del televisor, el cristal parado a medio camino.No habla, mira.Felipe se sienta a horcajadas sobre él, se hunde lentamente.La pantalla destella azul sobre su piel.
"Joder, qué bueno estás", murmura Ares, con las manos ya deslizándose por su espalda.