Sumiso
Jack lo tiró al sofá, una mano en su pecho, la otra ya entre sus piernas. Quítate los pantalones, le dijo. Ares lo hizo despacio, mirándolo fijamente. Cuando Jack entró – suave pero seguro – Ares arqueó la espalda y soltó un gemido que duró como un suspiro eterno. ¿Te gusta así?, le susurró Jack al oído. Ares solo apretó los dientes y asintió: sí. Y cuando empezó a moverse, más rápido, más adentro... lo repitió: sí, sí, sí. Como si lo disfrutara al máximo.